jueves, 9 de junio de 2016

"Y tú, ¿qué edad tienes?" - Enric Sánchez

"Lo importante no es cuántos años tenemos, sino en cuántos de ellos hemos vivido.
De las preguntas más absurdas que nos pueden hacer en la vida es qué edad tenemos. Porque no nos da ninguna pista de a quién tenemos delante. Yo, la verdad, es que no lo sé. Ni me importa. Porque lo importante no es cuántos años tenemos, sino en cuántos de ellos hemos vivido.

Yo prefiero decir que tengo 42 miradas en el metro que me han hecho sonreír. Tengo 2 “te quiero” suicidas que dije sabiendo que quien tenía delante no me quería a mí. También tengo 14 abrazos inolvidables, 3 de ellos irrepetibles porque quien me los dio ya no está. Tengo unos 35 “lo siento” de los cuales 8 jamás me perdonaron. Tengo 6 noches de hospital al lado de alguien que me importaba y 7 madrugadas pensando en una persona a quien no le importaba yo. Tengo unos 5.200 besos, pero solo me acuerdo de 6. Tengo 4 veranos que fueron infinitos y 3 inviernos demasiado fríos. Y solos. Y tristes.
Tengo 25 noches sin dormir y algunas lágrimas gastadas en cosas que no importaban. También tengo 4 lágrimas muy amargas invertidas en algo que merecía llorar durante años. Tengo 150 carcajadas de esas que hacen que te falte el aire y 10 sonrisas por compromiso. Tengo 9 deseos de infancia que se dan de hostias con las promesas que nunca cumplí. Tengo 3 consejos recibidos que entendí mucho tiempo después. Tengo unas 12 camas donde me acosté sin querer estar y 4 donde hubiera matado por despertar. Tengo 5 errores que volvería a cometer y 2 de los que me arrepiento mucho, aunque solo un poco. Tengo miles de cenas, pero pocas como aquellas 3. Y tengo 43 escalofríos que me han recorrido el cuerpo entero. 120 conciertos, 350 películas… Y no soy capaz de contar las canciones. Tengo 31 tardes comiendo pipas en un parque viendo la vida pasar con mis amigos. Y 500 tardes más recordándolas unos años después. Tengo 5 adioses. En 2 de ellos nunca quise despedirme en realidad. Tengo tantas cosas por decir que nunca diré y tantas que me tendría que haber callado…

Para quién quiera saberlo, esa es mi edad.
Y no tengo ni puta idea de en cuántos años cabe eso."
(http://www.voces.me/y-tu-que-edad-tienes-enric-sanchez/)

domingo, 5 de junio de 2016

Funámbula


Por todas aquellas noches funambulando* para no caer...
sin saber que para avanzar, necesitaba tocar el suelo,
sin saber que para volar, el equilibrio no era suficiente.



sábado, 4 de junio de 2016

Adiós.-

La vida es esto: ese ser incontrolable, a veces manso, a veces salvaje, oscuro o lleno de luz, o todo a la vez, como las caras de un mismo dado. Y suele pasar que no podemos elegir sobre qué lado, sobre qué cara caerá. Y es así. Cuesta darse cuenta, pero es así. Y cuando entendemos que hay cosas incontrolables que no dependen de nosotros, todo se vuelve un poquito menos doloroso. Cuando entendemos que no todo lo que nos ocurre depende de nosotros, entonces todo es mucho más fácil. Porque de nosotros sólo dependen nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestro comportamiento con los demás, pero no a la inversa.

Hay decisiones que duelen. Esta, por ejemplo. Pero que duela no quiere decir que sea errónea. A veces, para volar, hay que saltar desde lo alto del precipicio. A veces, para ser mariposa, hay que romper la crisálida. A veces, para dejar de sufrir, sólo hay que aceptar el cambio y rendirse.

Es hora de desinfectar y cerrar heridas, aceptar las cicatrices y seguir adelante. Es hora de dejar atrás. Es hora de reencontrarme.

Adiós.
Hasta siempre.

domingo, 29 de mayo de 2016

29

29 del mes 29.
Casi 1000 días.
Un tatuaje * siempre.
Domingo sin Sanlúcar.
Tanto que contar.
Sueños que dan paz,
aun sabiéndolos caducos.

Día 29 del mes 29.
Casi.

Cambios

Son las 20.40 de una tarde de casi verano, en que las noches llegan tarde y el sol remolonea destellando hasta que no le queda más remedio que marcharse. Y justo ahora, con ese poquito de sol que aún entra por mi ventana, espero la noche de un día raro, de una semana rara, de un mes para olvidar.
Apenas me quedan un puñado de noches en el bolsillo en esta casa, apenas varios almuerzos y litros de limonada. Y sé que todo está cambiando. Sé que ya nada va a ser como era, porque yo misma estoy cambiando, porque mi zona de confort se me quedó pequeña cuando en su interior encontré todo aquello que me hacía daño.
Así que empiezo a caminar lentamente por la orilla y me atrevo a dar varios pasitos tímidos fuera hacia el exterior, porque todo está cambiando, porque depende de mí, porque quiero alejarme de esa zona donde no todos los recuerdos son buenos.
Si cierro los ojos, de noche puedo recorrer desde mi habitación al baño o la cocina, esquivando los muebles que ya no están. Pero es la inercia de la costumbre, de tantos años, de varias décadas. Sé que si dejo caer un libro sobre la "mesa de siempre" caerá al suelo, porque aparte de lo que aún necesitamos a diario (un aseo, una cocina, una cama), lo demás va desapareciendo poquito a poco, cambiando su localización, cambiándolo todo.
Y la mudanza y los cambios (a tantos niveles, que no describiré aquí, a la vista de tantos ojos desconocidos) están remodelando con cincel el mármol duro de las costumbres ya asentadas. Ha llegado el momento del cambio y sé exactamente cómo quiero celebrarlo. Y es que soy una persona nueva, o una persona en cambio, al menos, y estoy cambiando la manera en que siento, cómo siento y cómo paso las horas, en qué pienso, y qué hago y no sólo el curso está a punto de finalizar, no sólo estoy a punto de mudarme, no sólo hay mil metas nuevas en mi vida, no sólo intento (y sólo intento, porque a ratos me doy cuenta de que no lo consigo) llenar los huecos y cerrar cicatrices de todo aquello que me amputó la vida, sino que quiero reflejar todo eso en un cambio físico, en nuevas actividades, intentando alcanzar mi máximo potencial de una vez por todas.
Ahora que llega el verano (después de un curso del que hablaré en otra entrada) me doy cuenta que mi vida en breve, nada tendrá que ver con la que era cuando comenzó el año. Todo ha cambiado, todo sigue cambiando y el remolino que me rodea me ha entrado por los ojos, los oídos, los poros de la piel y me está revoloteando todo por dentro.

Cambios, zona de confort que ya no me representa, nuevas expectativas y la fortaleza de pensar que cuando todo se hace añicos ante tus ojos, cuando nada puede ir a peor, sólo cabe tirar hacia arriba de nuevo.

"Porque las Piraustas bailan en el fuego, y se queman, pero ni siquiera el fuego es capaz de acabar con ellas".

jueves, 12 de mayo de 2016

Riqueza

Dicen que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita.
Yo, ahora mismo, sólo te necesito a ti.
¿En qué me convierte eso?