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domingo, 31 de mayo de 2020

Como dos amantes

Como dos amantes que se reencuentran después de un largo periodo de tiempo, 
Sólo necesitaré posar mis pies sobre tu tierra 
Y será como besarnos de nuevo. 
Como dos amantes que se reencuentran, 
Sin que el paso del tiempo haya borrado
Ni un ápice de ese amor, 
Ni uno sólo de sus recuerdos. 

Tú me encontrarás con tu brisa cálida
Y yo te abrazaré con mis ojos  de nuevo, 
Y te besaré con la añoranza del que guarda
bajo llave sus deseos y recuerdos,
Sus secretos, sus pesares, 
Todo lo que ama, por miedo a perderlos. 

Jamás te diré que guardé en un baúl
las ganas de volver a verte
Porque "ojos que no ven,
corazón que no siente..."
Mientras lo intentaba,
Para ver si te olvidaba. 

Tú, cómo un amante egoísta,  
Que cambiaste el curso de mi vida
Para que nunca pudiera dejarte. 
Y como en la noche más oscura 
Brilla el lucero del alba, 
Así siempre antes de la aurora 
Guías a los marineros a casa,
a tierra firme, en tus entrañas. 

Como un faro en el horizonte,
Tus almirares claman al cielo
Y sus voces cruzan atravesando la madrugada
De la ciudad que nunca duerme,  
La que dibujo lejana en mis recuerdos, 
mi primer amor, mi amor imposible, 
Al que no olvido, ni quiero. 

Como dos amantes que se reencuentran, 
Después de un largo periodo de tiempo, 
Sólo necesitamos volver a vernos, 
Posar mis pies sobre tu tierra, 
Abrázame con tu aroma,
Ven, bésame de nuevo. 



domingo, 7 de julio de 2013

Revolución Egipcia

"
"Dicen que la voz de la mujer es como la desnudez, que debe ser cubierta.
Yo digo que la voz de una mujer egipcia es la voz de la Revolución" Anónimo

domingo, 17 de marzo de 2013

Las consecuencias de aquel 2003

Abro una caja, en la que revuelvo, un domingo cualquiera, buscando recuerdos. Pero el que me encuentro no es el que esperaba. Ese bote metálico turquesa de spray que me regalaste porque me gustaba como olía, hace ya 5 años. Le quito el tapón, aún huele. No huele como lo recordaba, porque nisiquiera lo recordaba. Pero ahora sí y ese olor, tan característico, subraya aquel día en mi memoria, de manera nítida, en el Cairo, cuando después de casi tres meses allí, hacía las maletas para volver. Azzurre. Y qué bien olía. Y qué bien huele. Y ese bote, que enciende la chispa que abre el cajón donde guardo recuerdos que no quiero perder (pero tampoco tener presente casi nunca más),  encadena unos a otros hasta que mi memoria parece colapsarse. La única solución es abrir esos cuadernos - uno por viaje - buscar tu letra en ellos, convencerme de que eso ya pasó hace mucho tiempo.
Ya no estás, pero tampoco te has ido.
No me hablas, ni me escribes, pero sé que a varios miles de kilómetros, aún me recuerdas. 
Siempre lo harás, inevitablemente.
De una manera u otra, siempre pagaremos las consecuencias de aquel 2003.

Negro y rojo, como aquellos emails infinitos.
De vuelta, al 2003.

jueves, 17 de enero de 2013

Un último vuelo

Ahora,
tras tantos, tantos vuelos,
con todas sus bandejitas de comida
fría, precocinada, con sabor a nada,
snacks, ensaladas, macedonias y pasta
- o pollo o verduras pero siempre con el mismo sabor -,
galletitas saladas, mantequilla, sal y pimienta
para mí, zumo de tomate,
¿café o té? no, gracias
(deberían servir chocolate caliente),
después de interminables horas de espera
en terminales,
paseos aburridos entre 
perfúmenes y chocolate dutty free,
frío, mucho frío, 
mantitas azules que parecen caídas del cielo
(y nunca mejor dicho).

Ahora, 
que podría jactarme de todos esos viajes,
que podría pensar en los lugares visitados
(y los que me quedan por visitar),
ahora, justo en este momento sólo puedo pensar
en cuánto necesito tomar un vuelo más
(tan sólo uno más)
que me lleve a aquel lugar.
Una vez en mi destino,
nada más importa
y de nada más quedará constancia.

2 de noviembre

viernes, 28 de diciembre de 2012

El Hilo de Oro


Me pilla de improvisto, no me lo espero. Como un jarro de agua fría, en la que casi casi se pueden ver copos de nieve, la idea me cae sobre la cabeza, empapándome los hombros, calándome hasta el alma. Me doy cuenta entonces y ni siquiera intento negarlo porque es demasiado evidente para no querer verlo. La idea, pequeña y aterradora idea, de que mi mente olvidó por completo aquel momento a sabiendas de que así me protegía del dolor y me daba esperanza, me congela. Casi casi tanto como esos copos de nieve que me van calando, la ropa, la piel, los huesos, el alma.

Recuerdo entonces el puente, recuerdo la furia, recuerdo la insidia y recuerdo sobre todo, el dolor producido por la impotencia, por la frustración, por la rotura - de una vez y por todas - de aquel hilo de oro que nos unía, tan resistente que nada, a lo largo de ocho años podía haberlo roto. Recuerdo las dos fatiras en las bandejas de corcho, cubiertas por papel de aluminio, calientes, humeantes, reconfortantes, en aquella bolsa de plástico en la que rezaba, en grande y con letras rojas, el nombre del restaurante.

Te ausentas un momento, el suficiente para que me plantee si no debería marcharme de allí, dejándote la bolsa en mi lugar, irme, quizás una nota - y desear que, con suerte, nadie la cogiera a su paso. Irme, no estar a tu regreso. Desaparecer, por y para siempre de tu vida. Y la idea parece atractiva y tentadora. Sé que soy capaz de hacerlo, pero temo las consecuencias, temo que no me llames si vuelves a tiempo de verme alejarme y temo no volver a saber de ti. Pero mi dignidad es todo lo que me queda y no estoy dispuesta a arriesgarla. Y, mientras lo pienso, tú vuelves. Y, con tu vuelta, se esfuma la idea, porque entonces ya es demasiado tarde para desaparecer.

Caminamos en silencio junto al río, sin saber muy bien hacia dónde dirigir nuestros pasos. Intento encontrar las palabras pero mi mente está en blanco, intento hacer que el enfado desaparezca, intento no dejar que todo eso arruine ocho años de buenos recuerdos. Has vuelto y pareces calmado, pero distante, triste, derrotado, en paz. Yo no quiero, no quiero, pero no puedo evitar alejarme de ti. Y cenamos en una extraña estructura de madera junto al río, apenas pruebo bocado, mi estómago se ha cerrado, como mi corazón, como yo misma. Soy incapaz de sonreír. Esa noche, puedo escuchar los crujidos de los pasos sobre el asfalto, de vuelta a casa.

Ahora lo recuerdo todo, tan nítido y claro. Y me pregunto cómo es que he sido capaz de sumergir este momento en el olvido de una memoria que es incapaz de olvidar. Aquel momento lo cambió todo, aquel fue el giro drástico que acabó con todo lo que podíamos haber sido. Creo que por eso mi mente decidió que era mejor aislar el recuerdo, pretender que nunca ocurrió. Pero el olvido es cosa de dos y, ahora, ya es demasiado tarde para mí.

Lo siento.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Campos de Palmeras (2)


Los kilómetros corren, a la par que las yantas brillantes de ese coche grande y tan cómodo por dentro, que se me antoja el hogar perfecto para las próximas décadas. La sensación permanece durante bastante tiempo, debido probablemente a la protección que ofrece bajo su caparazón de hojalata.
¿Buscará aquel también un corazón que le habite?

Dejamos atrás las luces de la ciudad, el tráfico, la contaminación. Dejamos atrás las personas que se ganan la vida en puestecillos de fruta junto a la carretera. Dejamos atrás la idea de vivir eternamente. No hay manera de mantener la estructura. Dejamos atrás las carreteras con baches y las curvas pronunciadas bajo el puente. Y nos vamos acercando, aunque al principio no lo sepa, porque me haye tan lejos que me resulte imposible atisbarlo de un vistazo, a campos verdes regados con palmeras. Campos cuyo único alumbrado son estrellas que se encuentran demasido lejos. Pero que igualmente, causan efecto.

Vamos dejando atrás las luces de la ciudad,
nos acercamos, sin darnos cuenta, a campos de palmeras.
Pero una parte de mí, que probablemente desconozco a medias,
se queda enclavada en esa puerta inmensa que separa El Cairo de todo lo demás.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Entre Alejandría y el fin del mundo

Compré algunas chocolatinas en Alejandría, antes de dejar la ciudad, mientras miraba el reloj apurada, con esa vocecilla que repetía insistentemente "llegarás tarde... el chocolate es lo de menos, deja eso... !vete ya¡". Pero el coche que debía llevarme a mi destino no llegaba y yo me entretenía eligiendo chocolatinas en un puestecillo donde la fábrica de Charlie se habría quedado en pañales. Antes de pagar, aún me demoré un instante mirando los cómics que ofrecían y, metiéndolo todo en la mochila rosa - donde además llevaba el portatil, ropa, mi pasaporte y algo de dinero - me despedí de mi amigo alejandrino y me monté en el coche.

Y ahí, comenzó todo. Comenzaron los kilómetros recorridos, los paisajes que llegaban y quedaban atrás en apenas unos instantes - vi muchas cosas pasar al otro lado - mientras yo enviaba mensajes, recibía mensajes, comía strepsils y ofrecía strepsils. En el coche sonaba Hamaki, mientras mi mente pasaba imágenes como diapositivas con ese "click" tan característico de las antiguas máquinas. A esas alturas, yo sabía que quedaba un largo viaje hasta alcanzar mi destino, a esas alturas sospechaba que serían muchas las cosas que ocurrirían hasta que a la noche pudiera descansar mi cabeza sobre mi colchón asignado en ese nuevo y temporal hogar. Y aún más, a esas alturas, estaba completamente segura de la incertidumbre que me acompañaría hasta que tomara el tren de vuelta, la misma mañana de mi cumpleaños, apenas tres o cuatro días después.

17 de Octubre de 2011
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Creo que aquellos pocos días te cambiaron la vida. O, al menos, te dieron razones para cambiarla por ti mismo. O eso creía y digo "creía" porque no lo hiciste y "creo" que ni lo intentaste. A estas alturas - mientras edito un borrador escrito y guardado hace más de un año - de lo único que estoy segura es que necesitaba darme cuenta que esa era nuestra despedida. Y que, a partir de entonces, nos convertíamos en extraños.



lunes, 19 de noviembre de 2012

Campos de Palmeras

Poco a poco vamos dejando atrás las luces de la ciudad, a lo lejos - tan lejos que la vista es incapaz de atisbarlos, al menos al principio - campos regados de palmeras. Y entonces, todo empieza a torcerse. Y te das cuenta que no deberías estar ahí, porque alguien, en algún otro lugar, te está esperando. Silencias esa voz irritante y pretendes que la sonrisa guarda relación con tu estado interior.
Y acabas llegando al campo de palmeras. Acabas encontrando la paz en algún lugar a 2 horas de El Cairo, que a su vez ofrece una muy diferente manera de ver la vida.

Las estrellas alumbran como nunca antes, la contaminación lumínica queda muy lejos de estos extensos campos de golf. Me pregunto si, en algún lugar, en otro mundo, las cosas podrían ser diferentes. Le echo de menos, pero de nuevo, hemos de pretender algo más allá de lo que sentimos. Y me echo de menos, la risa sincera que estalla como un jarro de agua que cae al suelo.

10 de Octubre

sábado, 3 de noviembre de 2012

Borradores cairotas


Llevo algo más de una semana en El Cairo.
El tiempo aquí es bastante similar al que tenemos en Sevilla todo el año, ayer incluso chispeó, aunque no lo bastante como para limpiar la polución de los coches del ambiente, que se acumula poquito a poco en el aire, en las aceras, en las fachadas y en todo lo que queda expuesto al aire de esta gran ciudad.

3 de Octubre

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Me quedan apenas seis días de vida en El Cairo.
Seis días en los que pasear por tus calles, atestadas de tráfico, un tráfico nervioso, pausado o, a ratos, aburrido. Me quedan seis días en los que comer pan fino recién hecho o beber zumo de mango recién exprimido. O tamr hind. Me quedan seis días en los que escuchar el azam - al que acostumbrada, ya apenas echo cuenta - o música de Amr Diab emergiendo de los coches.
Me quedan apenas seis días de vida en El Cairo.
Seis días en un entorno que cada día parece diferente. Seis días en los que aún tengo la opción de ver a personas que no volveré a ver en mucho, mucho tiempo.
Y os echaré de menos.
Quién sabe cuándo,
pero volveremos a vernos.

16 de octubre

martes, 30 de octubre de 2012

Destierro

Me he dado cuenta
que tus palabras
ya no me llegan,
ni me tocan
- ni siquiera llegan a rozarme -.

Me pregunto dónde estás
y dónde me he quedado,
y cómo es que nuestros pasos
tendieron a alejarnos.
Incluso cuando inmóviles,
intentamos evitar el destierro.

16 de octubre

martes, 23 de octubre de 2012

¿Qué me gusta de ti?

¿Qué me gusta de ti?
¿Qué me gusta tanto que no dejo de volver a ti

una vez tras otra?
¿Qué te hace inconfundiblemente bello?
No lo sé.
Yo misma me lo he planteado, una y mil veces,
pero creo que en el fondo...
sé que en el fondo...
no necesito ninguna respuesta.
Al amor no se le pregunta ni se le pone en duda
ni se le buscan razones ni explicaciones.
No hay nada en ti que no pueda encontrar,
quizás,
en otro lugar.

Apenas he vuelto, apenas te he dejado atrás,
ni siquiera moribundo, ni agonizando,
pues un hormiguero nunca nota la ausencia
de una de sus laboriosas y triunfantes hormiguitas,
sin embargo,
te echo de menos. No tanto como cabría esperar.
Dame tiempo y lo haré.

Querido Cairo, te echaré de menos
como suelo echarte de menos con el paso del tiempo.
Espera. Espera y verás.
Quizás para entonces, tenga una respuesta que dar.
¿Qué me gusta de ti?
¿Qué me gusta que no dejo de volver a ti
una y otra vez?

miércoles, 5 de septiembre de 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

Capas de Gelatina

No puedo, creo que soy incapaz de recordar la primera vez que estuve en tu casa. Sé que fue allá por el 2004, unos días después de irme de viaje contigo y tu familia y poco antes también de pasar mi última noche en El Cairo. Se me mezclan los recuerdos como si fueran capas de gelatinas echadas en agua hirviendo y soy incapaz de separarlas antes de que sea demasiado tarde. Y acabará por ser todo una masa uniforme de sensaciones, pero no quedará ni un recuerdo.
Hay muchas otras cosas que soy incapaz de recordar y que me duelen. Pero me duele probablemente más darme cuenta que todos esos recuerdos acabarán desvaneciéndose, contigo. Y no quedará nada, sólo tu nombre, grabado en algún lugar de mi corazón, ese mismo lugar que mantengo a oscuras para no verlo. 


(4 de Septiembre de 2011)

martes, 7 de agosto de 2012

Y ahora...

¿Sabes qué me gustaría hacer ahora? no dentro de 5 minutos ni una hora, sino en este preciso instante. Me gustaría coger mi móvil, que yace junto a mí sin batería, y mientras se recarga, marcar tu número. Creo que sería algo así como esas muchas otras veces: a las 20.00 en el Behoos, justo en la esquina antes de llegar.

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¿Sabes qué me gustaría hacer ahora? No pensar, abrir los ojos y mirar a través del ventanal por donde entra el polvo y el calor. Estar en El Cairo y dormirme tarde y no preocuparme más que por hacer planes para el día siguiente. Y, al despertarme, darme una ducha después de intercambiar mensajitos mientras Marwan suena en mi habitación. Cogería entonces el móvil que probablemente no tuviera demasiada batería y, mientras se recarga, marcaría tu número. Creo que sería algo así como esas muchas otras veces: a las 20.00 h. en el Behoos, justo en la esquina, pasando la frutería.
Entonces me ducharía, sin prisas, sabiendo que irremediablemente llegaría tarde y aún así no acelerando demasiado el ritmo... Y me ducharía, me arreglaría y, antes de pintarme los labios, me cambiaría seis o siete veces de ropa. De pie, mientras nerviosa miro el reloj porque llego tarde (y entonces, a esas alturas, ya sería un hecho constatable). Y rápidamente, cogería el bolso, comprobaría tanteando que llevo las llaves, la cartera (algunas libras para ir y venir), el pasaporte y el móvil a medio cargar. 
Saldría y allí estarías, sonriendo de esa manera tuya que dice "llegas tarde, pero me alegro de verte" y nos iríamos andando, sin saber muy bien adonde, pero encaminando nuestros pasos en línea recta, hasta decidir (o llegar por casualidad) a algún café bohemio.
Y, al volver, abriría una lata de habas, comería unas uvas, recién lavadas y, después, un vaso de zumo o una lata de atún. Y daría igual, porque sería mi única comida del día. Y me iría a dormir, tarde, sin tener que preocuparme más que por hacer planes el día siguiente.

Incompleto (12 de Agosto)

viernes, 4 de mayo de 2012

Recuerdos

A veces, una sola imagen es suficiente para desencadenar toda una corriente de pensamientos y recuerdos, entre los que se entremezclan, de alguna manera, miles de sonidos, olores y sensaciones. Hoy recuerdo un día por el Cairo, paseos, un almuerzo tardío en Zamalek. Recuerdo el humo que se mezclaba con el olor a comida recién hecha, un cuenco humeante de molojiya junto a otro colmado de arroz blanco, sobre el que descansaban dos contramuslos de pollo hechos, probablemente, a la brasa. 
Echo de menos la sensación de calor, el olor de las calles, el alivio al llegar al piso - que se asemeja a un paraíso de tranquilidad en medio de tanto caos. Echo de menos andar y andar y andar, como si las calles no tuvieran final, no tanto las miradas de los transeuntes curiosos. Echo de menos las risas de los niños y echo de menos mi risa propia, el sentirme a salvo, el sentir que cada día cuenta, el sentir como si el tiempo pudiera ser resumido, concentrado, congelado en tan sólo unas semanas.
En El Cairo.
En mi corazón.
Por siempre y para siempre.

martes, 22 de noviembre de 2011

Tahrir


La Revolución egipcia ha vuelto, más fuerte que nunca.
Desde aquí, envío todo mi apoyo a los egipcios que luchan contra el régimen militar o SCAF.
Por la Democracia.
Por la Libertad.
Por la Justicia.
Por la legitimidad del Pueblo.

viernes, 18 de noviembre de 2011

De mi paso por El Cairo

No he ido a "Samir and Aly",
no he subido a la Moqattam ni he visto las pirámides,
no he comido en Chili's ni hawawshy en algún lugar de Downtown.
Lo cierto es que no me he traído un tatuaje de henna
ni halawa, ni tamr hindi, ni pastelitos de "Le Poire".

Y todo esto me hizo sentir durante parte del viaje que, de alguna manera, no había planificado bien mi estancia allí, en El Cairo. Ahora me doy cuenta que...
...no visité esos lugares porque me encontraba en muchos otros, hermosos igualmente, como la Ciudadela de Saladino, la Calle Moezz, el casco antiguo o paseando junto al Nilo.
...no vi a muchas personas con las que pensé que contaba y, de esa manera, me di cuenta de que en realidad, aproveché el tiempo para estar con los que realmente querían pasar tiempo conmigo.
...no comí en ciertos sitios porque esos lugares ahora forman parte del pasado, pero conocí sin embargo, lugares nuevos a los que volver. 
...no me traje en la maleta muchas de las cosas que quería traer porque en realidad pasé hasta el último momento disfrutando de personas que no querían dejarme ir.

Y es todo esto lo que ha hecho que mi paso por el Cairo haya merecido tanto la pena. Aunque en su momento no supe verlo. Quizás porque el conocimiento, en ocasiones, llega con un poquito de retraso.


(23 de Julio/18 de Noviembre)

viernes, 9 de septiembre de 2011

El recipiente de barro

Recuerdo, como si de pronto fuera lo único que vi camino de algún lugar entre Alejandría y el fin del mundo, una casa muy humilde que aún se mantenía de pie junto a un pequeño riachuelo. El sol, poniente, se reflejaba en los reflejos dorados del río y a su vera, un hombre con galabiya estaba sentado sobre un gran paño. Desde no muy lejos, una mujer se acercaba con un recipiente que supuse estaba lleno de comida y, dos niños que jugaban cerca, se acercaron probablemente atraídos por el olor. Se sentaban para comer cuando dejé de verlos, pero recuerdo los reflejos dorados, el paño gris, el recipiente oscuro y el suelo lleno de verde. La humildad del lugar, la tranquilidad y la felicidad se respiraba en el ambiente. Me hubiera gustado entonces bajarme de aquel coche, cruzar el sendero de tierra que llevaba a ellos y compartir algo de aquel recipiente de barro, que podrían ser habas, arroz o incluso algo de carne.
Nunca sabré qué comieron.
Pero tampoco olvidaré lo que sentí al verlos. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

De cómo intenté ligar con un taxista

O eso pensó él. Un taxista cuya higiene brillaba por su ausencia y sus intentos de sociabilizar conmigo eran más que evidentes. Si hay que empezar por el principio diré que yo volvía de algún lugar de El Cairo y llevaba algo de prisa por lo que en vez de atravesar la calle Tahrer a pie, decidí tomar un taxi blanco: el más parlanchín de todos los parlanchines de El Cairo. Y comenzó como comienzan todos, mientras yo recluida en el asiento de atrás miraba con impaciencia el reloj, atascados entre coches, con dos carriles a la derecha y otro a la izquierda.
Una vez me hubo sacado todo el historial y puesto al día de mi nombre, nacionalidad, estudios, razón de mi visita, estado emocional y opinión sobre Salah Salem y su huida a España, me preguntó por mi edad...
¿A quién le suena "What do you guess?" (¿qué crees?) como "I want a kiss" (quiero un beso)?
Es probable que mi acento andaluz tan marcado al hablar inglés no ayude, PERO... ¿"I want a kiss"? ¿En serio? Gracias, pero no. NO. Mi cara de indignación cuando comenzó a rechazarme, argumentando que estaba casado y que no podía fue de no poderme creer lo que estaba escuchando. De hecho, no esperaba que fuera menos que una broma, pero su nivel de sofoco y de alegría contenida no ayudaba demasiado a que pensara que era así. Así que aprovechando que no estaba demasiado lejos de mi piso (a unos 200/300 metros) y que el taxi estaba parado en medio de un atasco, pagué, bajé, crucé entre los coches y volví andando imaginando como el taxista tendría una historia que contar a sus amigos taxistas.

Desde luego...