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jueves, 6 de diciembre de 2012

Campos de Palmeras (2)


Los kilómetros corren, a la par que las yantas brillantes de ese coche grande y tan cómodo por dentro, que se me antoja el hogar perfecto para las próximas décadas. La sensación permanece durante bastante tiempo, debido probablemente a la protección que ofrece bajo su caparazón de hojalata.
¿Buscará aquel también un corazón que le habite?

Dejamos atrás las luces de la ciudad, el tráfico, la contaminación. Dejamos atrás las personas que se ganan la vida en puestecillos de fruta junto a la carretera. Dejamos atrás la idea de vivir eternamente. No hay manera de mantener la estructura. Dejamos atrás las carreteras con baches y las curvas pronunciadas bajo el puente. Y nos vamos acercando, aunque al principio no lo sepa, porque me haye tan lejos que me resulte imposible atisbarlo de un vistazo, a campos verdes regados con palmeras. Campos cuyo único alumbrado son estrellas que se encuentran demasido lejos. Pero que igualmente, causan efecto.

Vamos dejando atrás las luces de la ciudad,
nos acercamos, sin darnos cuenta, a campos de palmeras.
Pero una parte de mí, que probablemente desconozco a medias,
se queda enclavada en esa puerta inmensa que separa El Cairo de todo lo demás.

martes, 20 de noviembre de 2012

El Primer Día

Recuerdo la primera vez que te vi este año. ¿Cómo olvidarlo? Si estuve a punto de cancelarlo cuando casi, casi, ya estaba allí. Recuerdo que era sábado, un sábado cualquiera de septiembre o, más concretamente, el sábado 29 de Septimbre. Recuerdo que habíamos quedado a las 4.30, tempranito, para aprovechar el día porque tenías que volverte pronto. Recuerdo haber pasado la parada, haber cambiado de dirección y haberme dado cuenta tarde que habíamos quedado en Sadat. Bajé, cambié de línea, volví sobre mis pasos y me perdí callejeando entre los túneles que llevaban al exterior. Salí, volví a entrar, Hardee's me caía demasiado lejos... Me sentí frustrada, demasiados coches, demasiada gente y llegaba tarde. Te llamé, pero no me oías. Te mandé un mensaje. Y no quise esperar, así que volví a sumergirme en esos túneles subterráneos y salí, esta vez, por la Mogama3 - qué terribles recuerdos me traía aquel edificio, donde me pasé cerca de tres horas intentando renovar mi visa.
Recuerdo haber llegado al punto acordado, pero no estabas allí.
Recuerdo haberte llamado y recuerdo tu voz diciéndome que habías ido a buscarme.
Mientras llegabas, me quedé allí, de pie, inmóvil, esperando verte aparecer... Recuerdo una fila de policías de blanco mirándome a apenas dos metros - qué oportuno todo - y recuerdo haber gastado el reloj de tanto mirarlo. Y te vi, saliendo del metro, a lo lejos, con tu camiseta verde manzana... La sonrisa fue instantánea, se me pasó el enfado - que ni siquiera tenía que ver contigo - y de pronto... salió el sol, a una hora en que ya había empezado a atardecer.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Campos de Palmeras

Poco a poco vamos dejando atrás las luces de la ciudad, a lo lejos - tan lejos que la vista es incapaz de atisbarlos, al menos al principio - campos regados de palmeras. Y entonces, todo empieza a torcerse. Y te das cuenta que no deberías estar ahí, porque alguien, en algún otro lugar, te está esperando. Silencias esa voz irritante y pretendes que la sonrisa guarda relación con tu estado interior.
Y acabas llegando al campo de palmeras. Acabas encontrando la paz en algún lugar a 2 horas de El Cairo, que a su vez ofrece una muy diferente manera de ver la vida.

Las estrellas alumbran como nunca antes, la contaminación lumínica queda muy lejos de estos extensos campos de golf. Me pregunto si, en algún lugar, en otro mundo, las cosas podrían ser diferentes. Le echo de menos, pero de nuevo, hemos de pretender algo más allá de lo que sentimos. Y me echo de menos, la risa sincera que estalla como un jarro de agua que cae al suelo.

10 de Octubre

sábado, 3 de noviembre de 2012

Borradores cairotas


Llevo algo más de una semana en El Cairo.
El tiempo aquí es bastante similar al que tenemos en Sevilla todo el año, ayer incluso chispeó, aunque no lo bastante como para limpiar la polución de los coches del ambiente, que se acumula poquito a poco en el aire, en las aceras, en las fachadas y en todo lo que queda expuesto al aire de esta gran ciudad.

3 de Octubre

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Me quedan apenas seis días de vida en El Cairo.
Seis días en los que pasear por tus calles, atestadas de tráfico, un tráfico nervioso, pausado o, a ratos, aburrido. Me quedan seis días en los que comer pan fino recién hecho o beber zumo de mango recién exprimido. O tamr hind. Me quedan seis días en los que escuchar el azam - al que acostumbrada, ya apenas echo cuenta - o música de Amr Diab emergiendo de los coches.
Me quedan apenas seis días de vida en El Cairo.
Seis días en un entorno que cada día parece diferente. Seis días en los que aún tengo la opción de ver a personas que no volveré a ver en mucho, mucho tiempo.
Y os echaré de menos.
Quién sabe cuándo,
pero volveremos a vernos.

16 de octubre

miércoles, 31 de octubre de 2012

Caña de azúcar

Masticábamos caña de azúcar, de cara a la pared, de espalda a las vías del metro, en aquella estación cairota. Tú, a mi derecha, evitabas mirar el reloj, sabiéndote tarde. Yo, a tu izquierda, evitaba pensar que tenías que irte, tan bien como estábamos, charlando, a la vista de todos. Esas vistas que miraban sorprendidas de que tú, un chico "barbudo" y yo, una chica extranjera, estuviéramos juntos a medianoche. En una estación de metro, en cualquier lugar de El Cairo - la localización, tan relativa -.
Apenas a 5 mins se encontraba mi casa, apenas a 90 mins se encontraba la tuya. Sin embargo, te quedaste, un ratito más, sin mirar el reloj, masticando conmigo caña de azúcar en aquella estación de metro.

Aún recuerdo que Mariam me compró ese vaso de trozos de caña de azúcar ese mismo día, unas horas antes. Y palitos de caramelo: normales y recubiertos de sésamo. El sésamo, algo que siempre me recuerda a ella. Y salabya - o Zálabya, qué más da -, toda una caja para mí, bolas de masa frita bañadas en miel que fui incapaz de terminar y acabaron en la basura. Cuánto daría ahora por volver a comer esa versión árabe de los churros de toda la vida. Recuerdo cómo me arrepentí de no llevar la cámara cuando me llevó a comer en aquel pequeño local de comida casera o "comida de la calle" al que desde entonces espero poder volver. Y que la comida siga sabiendo tan rica como aquel día. Pedí ta3ameya cairota o falafel alejandrino - sin tener nada que ver con los versos - y comencé a comerlas, una a una, intentando no llenarme demasiado. Pensaba cenar koshary aquella noche, con Ali. Pasé dos horas sentada con ella en aquel pequeño local en Zamalek, en una mesa de madera oscura que me recordó vagamente a la de comedor escolar. Charlamos durante todos los minutos que pudimos arañarle al tiempo. A las 5 tenías una reunión en 6 de Octubre, yo a las 4 había quedado en la Plaza Líbano, en Mohandessen. 

Recuerdo cuándo aquella mañana salí del piso, con mi falda larga llena - repleta - de pequeñas flores doradas, turquesas y fucsias y una camisa del mismo color que estas últimas. Una camisa que había comprado con Hossam en una de aquellas tiendas que había cerca de Carrefour. En Carrefour Maadi, después de horas buscando algo que no brillara ni tuviera dudosas mezclas de colores. Y que me gustara. Salí del piso como cada mañana, pensando que llegaría tarde, pero tuve suerte. De Sakanat Maadi a Sadat. En Sadat, un taxi a Zamalek. Todo por menos de un euro, todo por menos de 75 mins de mi tiempo.

Aquella mañana me desperté sabiendo que sería un gran día. 
Aquel día me desperté sintiéndome terriblemente enfadada. 
Aquella misma noche, no podía borrar la sonrisa de mis labios.
Y este fue tan sólo, uno de esos días geniales que pasé en El Cairo.
Y aquel fue... tan sólo... uno de esos días que echaré por siempre de menos.


29/30 de Octubre

martes, 30 de octubre de 2012

Destierro

Me he dado cuenta
que tus palabras
ya no me llegan,
ni me tocan
- ni siquiera llegan a rozarme -.

Me pregunto dónde estás
y dónde me he quedado,
y cómo es que nuestros pasos
tendieron a alejarnos.
Incluso cuando inmóviles,
intentamos evitar el destierro.

16 de octubre

miércoles, 24 de octubre de 2012

Viaje en metro

Recuerdo el trabajo que me costó esta vez tomar el metro por primera vez. Se encontraba a apenas 100 metros de casa, quizás menos. Un par de minutos a pie, quizás menos. Recuerdo que fui dándome largas los primeros días, pero tarde o temprano tenía que llegar el momento en que necesitara ir al centro y, con el tráfico que caracteriza la zona, lo mejor era siempre... precisamente... el metro. 
El primer día me recogieron en coche, necesitaba ir a Carrefour a por algo de comida, agua embotellada, una tarjeta sims y cambiar euros por libras egipcias. El segundo día, creo recordar que me quedé en casa. El tercer día, ya fue inevitable.

Así que me duché con tiempo, intentando evitar contranatura el llegar tarde. Necesitaba ir a la Opera, lo cual era fácil, conocía el camino, las estaciones, lo había hecho mil veces. Entonces ¿por qué este año parecía diferente? Salí a la calle, debían ser las 4, las 4.30 quizás y aún quedaba en aquel cielo abierto y teñido por la oscuridad noctura que parecía inevitable un poco de luz, como las sobras del día, lo que ya nadie quería. Anduve con paso firme, con mis gafas de sol y echando de menos mi mp3. 

Llegué a la taquilla, entregué mi libra, recibí el ticket amarillo y aburrido. Piqué, salí al andén, crucé de lado, busqué el compartimento sólo para chicas y esperé. 9 estaciones, dirección el Marg. Sadat. Cambio de ruta y una sola estación más, dirección Giza. 

Cuando salí del compartimento, me uní a una marea humana de rostros perdidos. Me mantuve alerta, subí las escaleras mecánicas. Y alguien me dijo hola, pero no miré... "Cristina", una cara conocida, se encontraba a tan solo dos metros de mí. Había llegado a mi destino. Sonreí.


martes, 7 de agosto de 2012

Y ahora...

¿Sabes qué me gustaría hacer ahora? no dentro de 5 minutos ni una hora, sino en este preciso instante. Me gustaría coger mi móvil, que yace junto a mí sin batería, y mientras se recarga, marcar tu número. Creo que sería algo así como esas muchas otras veces: a las 20.00 en el Behoos, justo en la esquina antes de llegar.

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¿Sabes qué me gustaría hacer ahora? No pensar, abrir los ojos y mirar a través del ventanal por donde entra el polvo y el calor. Estar en El Cairo y dormirme tarde y no preocuparme más que por hacer planes para el día siguiente. Y, al despertarme, darme una ducha después de intercambiar mensajitos mientras Marwan suena en mi habitación. Cogería entonces el móvil que probablemente no tuviera demasiada batería y, mientras se recarga, marcaría tu número. Creo que sería algo así como esas muchas otras veces: a las 20.00 h. en el Behoos, justo en la esquina, pasando la frutería.
Entonces me ducharía, sin prisas, sabiendo que irremediablemente llegaría tarde y aún así no acelerando demasiado el ritmo... Y me ducharía, me arreglaría y, antes de pintarme los labios, me cambiaría seis o siete veces de ropa. De pie, mientras nerviosa miro el reloj porque llego tarde (y entonces, a esas alturas, ya sería un hecho constatable). Y rápidamente, cogería el bolso, comprobaría tanteando que llevo las llaves, la cartera (algunas libras para ir y venir), el pasaporte y el móvil a medio cargar. 
Saldría y allí estarías, sonriendo de esa manera tuya que dice "llegas tarde, pero me alegro de verte" y nos iríamos andando, sin saber muy bien adonde, pero encaminando nuestros pasos en línea recta, hasta decidir (o llegar por casualidad) a algún café bohemio.
Y, al volver, abriría una lata de habas, comería unas uvas, recién lavadas y, después, un vaso de zumo o una lata de atún. Y daría igual, porque sería mi única comida del día. Y me iría a dormir, tarde, sin tener que preocuparme más que por hacer planes el día siguiente.

Incompleto (12 de Agosto)

viernes, 18 de noviembre de 2011

De mi paso por El Cairo

No he ido a "Samir and Aly",
no he subido a la Moqattam ni he visto las pirámides,
no he comido en Chili's ni hawawshy en algún lugar de Downtown.
Lo cierto es que no me he traído un tatuaje de henna
ni halawa, ni tamr hindi, ni pastelitos de "Le Poire".

Y todo esto me hizo sentir durante parte del viaje que, de alguna manera, no había planificado bien mi estancia allí, en El Cairo. Ahora me doy cuenta que...
...no visité esos lugares porque me encontraba en muchos otros, hermosos igualmente, como la Ciudadela de Saladino, la Calle Moezz, el casco antiguo o paseando junto al Nilo.
...no vi a muchas personas con las que pensé que contaba y, de esa manera, me di cuenta de que en realidad, aproveché el tiempo para estar con los que realmente querían pasar tiempo conmigo.
...no comí en ciertos sitios porque esos lugares ahora forman parte del pasado, pero conocí sin embargo, lugares nuevos a los que volver. 
...no me traje en la maleta muchas de las cosas que quería traer porque en realidad pasé hasta el último momento disfrutando de personas que no querían dejarme ir.

Y es todo esto lo que ha hecho que mi paso por el Cairo haya merecido tanto la pena. Aunque en su momento no supe verlo. Quizás porque el conocimiento, en ocasiones, llega con un poquito de retraso.


(23 de Julio/18 de Noviembre)

viernes, 9 de septiembre de 2011

El recipiente de barro

Recuerdo, como si de pronto fuera lo único que vi camino de algún lugar entre Alejandría y el fin del mundo, una casa muy humilde que aún se mantenía de pie junto a un pequeño riachuelo. El sol, poniente, se reflejaba en los reflejos dorados del río y a su vera, un hombre con galabiya estaba sentado sobre un gran paño. Desde no muy lejos, una mujer se acercaba con un recipiente que supuse estaba lleno de comida y, dos niños que jugaban cerca, se acercaron probablemente atraídos por el olor. Se sentaban para comer cuando dejé de verlos, pero recuerdo los reflejos dorados, el paño gris, el recipiente oscuro y el suelo lleno de verde. La humildad del lugar, la tranquilidad y la felicidad se respiraba en el ambiente. Me hubiera gustado entonces bajarme de aquel coche, cruzar el sendero de tierra que llevaba a ellos y compartir algo de aquel recipiente de barro, que podrían ser habas, arroz o incluso algo de carne.
Nunca sabré qué comieron.
Pero tampoco olvidaré lo que sentí al verlos. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

De cómo intenté ligar con un taxista

O eso pensó él. Un taxista cuya higiene brillaba por su ausencia y sus intentos de sociabilizar conmigo eran más que evidentes. Si hay que empezar por el principio diré que yo volvía de algún lugar de El Cairo y llevaba algo de prisa por lo que en vez de atravesar la calle Tahrer a pie, decidí tomar un taxi blanco: el más parlanchín de todos los parlanchines de El Cairo. Y comenzó como comienzan todos, mientras yo recluida en el asiento de atrás miraba con impaciencia el reloj, atascados entre coches, con dos carriles a la derecha y otro a la izquierda.
Una vez me hubo sacado todo el historial y puesto al día de mi nombre, nacionalidad, estudios, razón de mi visita, estado emocional y opinión sobre Salah Salem y su huida a España, me preguntó por mi edad...
¿A quién le suena "What do you guess?" (¿qué crees?) como "I want a kiss" (quiero un beso)?
Es probable que mi acento andaluz tan marcado al hablar inglés no ayude, PERO... ¿"I want a kiss"? ¿En serio? Gracias, pero no. NO. Mi cara de indignación cuando comenzó a rechazarme, argumentando que estaba casado y que no podía fue de no poderme creer lo que estaba escuchando. De hecho, no esperaba que fuera menos que una broma, pero su nivel de sofoco y de alegría contenida no ayudaba demasiado a que pensara que era así. Así que aprovechando que no estaba demasiado lejos de mi piso (a unos 200/300 metros) y que el taxi estaba parado en medio de un atasco, pagué, bajé, crucé entre los coches y volví andando imaginando como el taxista tendría una historia que contar a sus amigos taxistas.

Desde luego...


lunes, 25 de julio de 2011

Personajes que entran en tu vida

A veces, gente sale de tu vida y deja espacio para que llegue gente nueva.
A veces, esa gente llega antes de tiempo o demasiado tarde (cuántas veces escuchamos eso de ¡ojalá te hubiera conocido antes!), pero lo importante es que llega, que entra en nuestras vidas y que, gracias a Dios, permanecen.
Y hay veces que conoces a personas de manera ocasional, por un viaje o en un viaje, o en internet o en el autobús y no te imaginas entonces lo importante que será/n para ti. Otras veces, están ahí, te dan los buenos días, te dan las buenas tardes y, no es hasta varios años después, que algo cuaja... y os convertiis en algo más que conocidos, en amigos, en mejores amigos.


Porque algunos de los mejores momentos de mi viaje a El Cairo han sido contigo,
porque he compartido contigo mis miedos y alegrías y momentos de pavo adolescente,
porque hemos cogido taxis que nos han intentado "tangar",
porque he compartido contigo a mis mejores amigos (y, conociéndome, eso es algo),
porque hemos paseado a las tantas de la noche por las calles de El Cairo,
porque has entrado en mi cuarto a las 4am y hemos acabado en el sofá comiendo tarta de chocolate,
porque hemos comido juntas (hasta explotar) - la próxima vez shawarma de Na3ma en el bordillo -
porque hemos estado en casa de "Aznar" comiendo paloma o en la cafetería Euro-Deli, tomando un café cuyo fin no llegaba nunca...,
porque nuestros ataques de pavo han sido lo nunca visto (léase tropezón en el Hardee's o el taxi del "amigo" cristiano),
porque mientras nos quede dinero, compraremos perlas, gomillas con muñecas, cortauñas de flores...
Porque sé que cuento contigo, porque sé que sabes que cuentas conmigo.
Porque aunque a veces discutamos, siempre lo arreglamos y nos quedamos con lo bueno.
Porque eres un personaje y una de mis mejores amigas.
Y porque contigo, cualquier ratito merece la pena.



sábado, 9 de julio de 2011

Tú y Yo

El mismo cielo sobre nosotros dos,
sobre los que fuimos -y que seguimos siendo,
aunque nos empeñemos en no querer verlo-.
El mismo sol nos alumbra a apenas algunos kilómetros
y olvidamos la suerte que tenemos
de haber vuelto a encontrarnos.
Aunque no fuera fortuito
ni casualidad
ni causalidad.
Aunque apenas te haya visto,
aunque habiéndote visto aún te eche de menos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Algunas Impresiones

El Cairo sigue igual que como lo dejé, hace apenas dos veranos.
Sus calles, llenas de gente que van de un lado a otro, en relación antagónica con esos que, sentados a las puertas de sus tiendas, ven el tiempo pasar. Mientras beben té. O fuman. O miran a la gente que pasa.
Lo cierto es que aparte de los cambios políticos acaecidos este año, todo lo demás ha vuelto a su cauce. No noto demasiada diferencia, para mejor ni para peor. Lo que sí que hecho en falta son las hordas de turistas acalorados que estaban antes por todos lados y que ahora parecen haber desaparecido. Aún así, el ambiente está tranquilo y, a excepción de lo que comenzó ayer (y que no se sabe cuánto durará), el resto de la ciudad sigue como siempre.

Esto es algo que escribí el sábado 25 de junio:
"Ya estoy en El Cairo. Llevo apenas dos días aquí y ya tengo mucho que contar. Lo cierto es que el trayecto desde Sevilla se me hizo especialmente largo, probablemente porque pasé la noche en vela y las horas no pasaban sino que se arrastraban. Cuando llegué al aeropuerto de Madrid fui directa al baño, para abrir la maleta y asearme bien: tónico, crema hidratante, coloretes, desodorante. Luego desayuné una palmera de chocolate y batido (¡qué rico!) y me senté en el banco más alejado que encontré, a tres asientos de distancia de un chico joven que al poco me saludó. Y de una manera inimaginable (si lo llego a saber...) este murciano que viajaba a Ucrania se me acabó pegando (y eran tan sólo las 8.30am). Peki, se llamaba. "¿Peki, de pekinés?". Obviamente, no. Peki, de Pedro. Pedro, que estuvo conmigo hasta las 16.30 casi...

Tras cuatro horas de vuelo, aprisionada entre la ventanilla y una señora venezolana, llegué a El Cairo. El avión estaba compuesto por un 90% de chicos y señores egipcios, por lo que mi paseo hasta el baño en la cola del avión, bien podría haber sido un pase de modelos. Faltaban los flash de las cámaras y los aplausos al final.Al llegar, compré la visa (15$), pasé los controles y salí. Alguien a quien tengo mucho cariño, pero hace muchos años que no veía, me estaba esperando. Y me llevó a mi piso en Doqqi (Do'i ba2aa) después de pasar unos minutos por Tahrer. Y, antes de despedirnos para subir a mi piso, un zumo fresquito de tamarindo. Ahhhh... pero ¡qué rico!

Subí al piso, donde me esperaba Maria, mi compañera de piso rusa, una chica divertida y sociable. Y deshice la maleta, vestí la cama con alegres sábanas de perritos atigrados de orejas lilas (¡lilas!). Y ¿qué decir de mi piso?... Que me quedé encerrada en mi propio cuarto, que la ducha no hay quien la entienda, que hay un espejo apoyado en el water, que el timbre (pero eso no es nuevo) es el alegre trinar de un pájaro cualquiera. Lo cierto es que mi habitación es bastante grande y sencilla, con una cama gigantesca, mesita de noche, sofá y armario, un balconcito lleno de mantas y una gran ventana, desde la que esta noche vi amanecer. Pero tengo wifi y lavadora y un ventilador que va bastante bien y un montón de hormigas que por la noche, me hacen compañía."

sábado, 20 de febrero de 2010

Números

- No voy a decirte qué te he comprado por tu cumpleaños - dije con una gran sonrisa, mirando hacia delante mientras caminábamos hasta el Metro.
- Mmmmm... No es justo - ¿es eso lo que contestaste? O fue más como "así que ahora vas a burlar de mí hasta entonces, eh?" Quizás dijistes ambas cosas. No me acuerdo. Ha pasado tanto tiempo...
- Pero soy buena gente... Voy a darte la posibilidad de hacerme tres preguntas sobre ellos.
- ¿Ellos? ¿Acaso es más de uno? - de sobras sabías que sí. Creo que te gustaba escucharlo. 
- Eso sí, las preguntas no pueden ser "¿Qué es?", la marca o cosas obvias como esas.
- Ok... Tengo que pensarlo bien, que sólo tengo tres oportunidades.
- ...
- ¿Tiene... tiene números? - me miraste fijamente, refiriéndote obviamente a algún aparato electrónico. 
- Mmmmm... Sí, sí que tiene números - contesté, siendo un poco "cruel" de la manera en que te gustaba, pensando en los números de las páginas del libro.
Y así, me miraste fijamente con los ojos brillantes y una sonrisa. Como un niño. Y así, seguimos caminando, sólo caminando... hacia el Metro o hacia ningún lugar. 

sábado, 13 de febrero de 2010

Khan el-Khalily

Anoche, mientras buscaba el anuncio egipcio que había visto el último Ramadán que tuve la suerte de pasar en Egipto  encontré algo. No era el que buscaba, sino otro... que aunque nunca antes lo hubiera visto, ya lo conocía en parte.
Era julio de 2006, yo estaba paseando por Khan el-Khalily, comprando algunos regalillos para llevar conmigo de vuelta a España.
Paseábamos por las calles y movidos por la curiosidad nos paramos junto al lugar donde estaban haciendo las pruebas de grabación. Recuerdo que vi una chica guapísima, un cofre de alabastro que imaginé lleno de perfume y un tendero moreno con galabiyya blanca. Un rato después nos fuimos de allí para seguir con las compras...
Y, ayer, por fin, lo vi. El anuncio me parece precioso, la idea es genial... evoca la mítica imagen de Egipto, la tierra del sol que me enamoró.



Tiene gracia... me he pasado unos tres años recordando, de vez en cuando, aquella imagen y preguntándome de qué formaría parte. Y cuando había perdido la esperanza de saberlo, lo supe. Supe que cuando menos lo esperamos, los recuerdos olvidados pueden volver de manera sigilosa. Podemos, sin proponérnoslo, encontrar la respuesta cuya pregunta ya habíamos dejado de hacernos.

[Khan el-Khalily es el gran bazar de El Cairo, donde se puede comprar todo lo que el turista espera comprar allí (papiros, jeroglíficos, pirámides, dioses, perfumes...). Es por eso una buena opción cuando te pilla el toro. Khan el-Khalily fue construido en el 1382, en el corazón de la ciudad fatimí, junto a la mezquita de al-Azhar. Entonces se conocía como "el bazar turco" y su nombre actual, según leí una vez, significa "al menos, mi amigo". El que lo haya visitado sabrá porqué.]

miércoles, 3 de febrero de 2010

Érase una vez, una chica con Niqab...

Esta noche he cenado fideos chinos, como los que comía en mi pisito del barrio cairota de Dokki, junto a la calle principal, metida en mi cuarto con el aire acondicionado siempre a tope. Creo que fue entonces cuando me comí los últimos... un año y medio sin fideos chinos, es todo un récord para mí. 
Y desde este punto, he creado una cadena de pensamientos que me han llevado desde los fideos chinos hasta algo bastante curioso que ocurrió en mi última visita a El Cairo.

El caso es que aquel día había quedado con un buen amigo a quien no veía a menudo en mis viajes a causa de sus ausencias de la capital por el servicio militar. Es gracioso pero  quedemos donde quedemos y hagamos lo que hagamos, en un punto del viaje siempre pasamos por la plaza Tahrer, creo que es una especie de tradición de la que no somos conscientes pero que siempre nos empeñamos en cumplir.
El caso es que yo tenía que irme pronto, coger un Taxi amarillo e ir a la ciudad de la Victoria (Nasr City, una zona llena de tiendas algo alejada del casco antiguo de la ciudad), así que estábamos disfrutando del último rato juntos, charlando y haciendo fotos: habían estado "regando" el césped y se habían formado charcos bastante grandes, algunos de los cuales parecían pequeños lagos en el centro de la plaza. Nos alejábamos del charco, riendo, cuando una chica cubierta con niqab negro le paró porque quería conocerme, quería ser mi amiga (?). Exacto, esa fue la cara que se me quedó, nadie de pronto decide que quiere ser amig@ tuy@ sin conocerte de nada. He de decir que me sentí halagada cuando él me explicó que "ella" me había estado observando desde hacía unos minutos, que le había caído bien y que le parecía muy guapa. Creo que me ruboricé. Así que después de una charla de diez minutos parados en la acera como tres monigotes, fuimos a tomar un zumo de mango, mientras mi nueva amiga me cogía de la mano para conducirme entre las callejuelas llenas de gente que rodean la plaza. Y qué rico estaba el zumo de mango.
Al final, ella me dio su teléfono y yo le di el mío y le prometí llamarla la próxima vez que volviera a El Cairo, promesa que tengo intención de cumplir. 
El mito de "anti-occidentalismo" que, a veces, rodea a las chicas que usan niqab queda roto con historias como ésta. Si bien cada cual es libre de usar su libertad de la manera que crea más propicia, y nadie ha de imponérsela o impedírsela, he de decir que la humanidad de esta persona que se tomó la molestia de ir más allá de los clichés para conocerme por el simple hecho de "haberle caído bien" bien se merecía este post.
Espero que esto aporte el granito de arena del que dispongo para romper el mito, acercar culturas y mostrar la cara más divertida de situaciones del día a día tan inesperadas como esta.


domingo, 29 de noviembre de 2009

Camino al paraíso

Me despertó, mi cabeza en su hombro, mientras los primeros rayos de sol se filtraba a través de los cristales del autobús que nos llevaban a Marsa Matroh. Yo quería seguir durmiendo, no eran más que las 5.30am, quizás las 6am. Lo miré sin entender, los ojos soñolientos, los párpados pesados. Volvieron a caer. 
Su mano, suavemente, me zarandeó el hombro. Me despertó de nuevo. "Tienes que ver esto". A mi lado, al otro lado del cristal, el mar mediterráneo se abría ante mis ojos... Allí, en calma, en la otra orilla del mismo mar, los rayos del sol del alba lo coloreaba de naranja, a grandes trazos de color, entre los que se colaba a escondidas un poquito de blanco y otro poquito de azul.


Mientras sonreía, volví a cerrar los ojos... pero ya no dormía.
Julio de 2004 no queda tan lejos. Algún día volveré al Paraíso.