jueves, 29 de noviembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
Entre Alejandría y el fin del mundo
Compré algunas chocolatinas en Alejandría, antes de dejar la ciudad, mientras miraba el reloj apurada, con esa vocecilla que repetía insistentemente "llegarás tarde... el chocolate es lo de menos, deja eso... !vete ya¡". Pero el coche que debía llevarme a mi destino no llegaba y yo me entretenía eligiendo chocolatinas en un puestecillo donde la fábrica de Charlie se habría quedado en pañales. Antes de pagar, aún me demoré un instante mirando los cómics que ofrecían y, metiéndolo todo en la mochila rosa - donde además llevaba el portatil, ropa, mi pasaporte y algo de dinero - me despedí de mi amigo alejandrino y me monté en el coche.
Y ahí, comenzó todo. Comenzaron los kilómetros recorridos, los paisajes que llegaban y quedaban atrás en apenas unos instantes - vi muchas cosas pasar al otro lado - mientras yo enviaba mensajes, recibía mensajes, comía strepsils y ofrecía strepsils. En el coche sonaba Hamaki, mientras mi mente pasaba imágenes como diapositivas con ese "click" tan característico de las antiguas máquinas. A esas alturas, yo sabía que quedaba un largo viaje hasta alcanzar mi destino, a esas alturas sospechaba que serían muchas las cosas que ocurrirían hasta que a la noche pudiera descansar mi cabeza sobre mi colchón asignado en ese nuevo y temporal hogar. Y aún más, a esas alturas, estaba completamente segura de la incertidumbre que me acompañaría hasta que tomara el tren de vuelta, la misma mañana de mi cumpleaños, apenas tres o cuatro días después.
17 de Octubre de 2011
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Creo que aquellos pocos días te cambiaron la vida. O, al menos, te dieron razones para cambiarla por ti mismo. O eso creía y digo "creía" porque no lo hiciste y "creo" que ni lo intentaste. A estas alturas - mientras edito un borrador escrito y guardado hace más de un año - de lo único que estoy segura es que necesitaba darme cuenta que esa era nuestra despedida. Y que, a partir de entonces, nos convertíamos en extraños.
viernes, 23 de noviembre de 2012
La rueda del hámster
Los árabes y nosotros. Los árabes o nosotros.
Me pregunto qué clase de puente cultural y empático necesitamos (ojalá pudiera utilizar el tiempo condicional en vez del presente) y qué lo hace tan complicado. Me planteo la idea del choque cultural, me planteo la imagen mental y el recuerdo de la experiencia propia la primera vez que visité Egipto - porque para conocer Egipto hizo falta mucho más que un viaje -. Recuerdo el impacto emocional que el país provocó en mí y fueron tantas las diferencias - y estaba yo tan alejada de la idea que "debía tener de ellos" - que ni siquiera me dio tiempo a caer en prejuicios y esterotipos. Porque no los conocía ni tenía conocimiento de la idea impuesta que hemos de tomar, incluso a medias, cuando viajamos al extranjero. O, para ser más exactos, "cuando viajamos a un extranjero árabe".
Me pregunto, incluso hoy día, qué hace que la gente reaccione de esa manera cuando conoce o ve o imagina a una persona de raza árabe. Porque ser árabe, imagino por sus comportamientos, implica muchas cosas. Así que me pregunto si el problema es la raza o más bien, el color de piel, la religión, la clase social, el nivel cultural o la idea de lo que esperamos de ellos. Aunque en el fondo da igual, porque muchos entienden que ser árabe es tener la piel oscura, ser musulmán, ignorante, machista y (casi, casi, me atrevería a decir) vivir en una jaima en el desierto, rodeado de camellos y cabras. Y dará igual que el árabe sea cristiano, que tenga una carrera (o dos) y dará igual, porque seguirá siendo árabe. Parece ser, sin embargo, que tener dinero (véase, los Emiratos Árabes Unidos) o la piel clara, los hace menos árabes o, por ende, menos musulmanes, menos ignorantes, menos machistas. Y ¿la jaima? ah, esa la reservan para sus jornadas de vacaciones estivales.
¿Qué tememos entonces del árabe que tenemos en el imaginario común? Déjame que te lo diga, tememos al miedo que esa persona nos produce - miedo que sólo puede ser producido por nuestra propia ignorancia, una ignorancia que ni siquiera tenemos interés en sanar - porque ser árabe implica - errónea, ignorante y automáticamente - la extendida idea de ignorancia, fanatismo y dudosas morales.
Sigamos jugando con la doble moral, sigamos tomando a Osama Bin Laden, Muammar Ghadafi o Mohamed al-Arifi como representantes totales de las ideas, actitudes y comportamientos de los árabes y/o musulmanes (no nos preocupemos ni un momento en diferenciarlos por ideas políticas, países o religión, que las clasificaciones deshomogeinizan) pero indignémonos si alguien nos mete en el mismo saco que a George Bush, Hitler o Berlusconi (todos ellos, por cierto, de raza blanca, cristianos, occidentales y de alto poder adquisitivo). Sigamos con la doble moral, sigamos aplicando reglas a los demás que no son válidas para nosotros en las mismas circunstancias, sigamos mirándolos con - a elegir - superioridad, condescendencia o un poco de asco. Sigamos con el juego de la doble moral, olvidemos todos los casos de violencia de género que no atribuimos al cristianismo. Sigamos estimulando ideas erróneas, ideas moralistas, sigamos corriendo en esta rueda de hámster que no nos lleva ni al diálogo ni a la empatía... pero que nos mantiene entretenidos y en forma para según qué actividades sociales.
Sigamos a la masa.
Y enlazo con otro post, otro tanto de lo mismo que escribí hace dos años:
"Sobre la desinformación": http://www.krisstyna.blogspot.com.es/2010/05/sobre-la-desinformacion.html
Empezar de cero - B. Button
"No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así... espero que tengas el valor de empezar de cero"
- El increíble caso de Benjamin Button -
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Noam Chomsky e Israel
"Israel usa aviones sofisticados para atacar y utiliza barcos para detectar y bombardear campamentos de refugiados, apartamentos, escuelas, mezquitas y barrios marginales, para atacar una población que no tiene fuerza aérea, ni defensa aérea, sin marina, sin armas pesadas, ninguna unidad de artillería, sin defensa mecanizada, ni comandos de control, ni ejército… Y lo llama guerra. No es una guerra, son asesinatos."
Noam Chomsky
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