miércoles, 16 de marzo de 2016

Será que...

Cada día me escribiré en un papel todo aquello que quiero contarte.
Y te lo contaré en susurros, cada noche, antes de dormir.
Sé que cuando empiece a dejar de querer contarte todo lo bueno (y lo malo) que me ocurre, el día que deje de llevar ese papel conmigo más por necesidad que por querer,
será que te esté olvidando,
será que se está acabando,
será porque ya no importe.

Pero para eso, aún queda mucho.

martes, 15 de marzo de 2016

lunes, 14 de marzo de 2016

Mi número favorito

He contado los días desde que te conozco.
Desde hoy, 808 será mi número favorito.

Buscándote

Entro buscándote.
Buscando una foto, piraustas, por siempre.
Entro buscando algo a lo que aferrarme, sabiendo que no queda nada.
Entro buscando tu foto.
Y ya no está.
Ni tú.
Ni las alas quemadas de una mariposa.
Hace tiempo que ya no, aunque nos empeñásemos en que aún sí.
Y quedarán todos esos poemas huérfanos, a medio escribir,
todas esas servilletas de bar que no garabatearemos.
Y esas risas que ya no comparten el mismo oxígeno
y esas lágrimas que ya no comparten el mismo ritmo de una canción.
Me voy porque tengo que hacerlo,
porque hace tiempo que tenía que haberlo decidido,
porque aunque lo decidí no tuve las agallas de arrancarte de mi pecho.
Me voy porque me marcho, porque ya no puedo, porque ya no queda,
y corro a refugiarme en el silencio que lo rodea todo desde que ya no...
y corro a refugiarme en el abismo que ahora todo lo empequeñece
y corro a refugiarme dentro de mí misma,
que es el único sitio donde aún me siento a salvo.

Entro buscándote
(una palabra, una imagen, un sonido).
Pero ya no estás.

lunes, 7 de marzo de 2016

A mi madre.-

A veces en la vida, en esos pequeños momentos de lucidez del embotamiento de la rutina, en esas pequeñas treguas de monotonía, nos damos cuenta que, a las personas que más importantes nos son, esas que están ahí cada día, es justamente a quien menos tiempo les dedicamos, a quien menos cuidamos. Supongo que la falsa seguridad de que siempre estarán "ahí" nos hace verles como esa planta eterna que ni siquiera necesita regado ni abono. 
Y eso es porque somos imbéciles y nos empeñamos en no dar prioridad a las cosas/personas importantes de la vida, tan seguros que nos sentimos de su naturaleza perenne. Y a veces ocurre que los años pasan y es entonces, demasiado tarde, que queremos en un día deshacer todo el tiempo perdido, retomarlo, aprovecharlo y hacer felices a esas personas.
Es justo por eso que hoy escribo esto: no porque sea tarde, ni porque quiera recuperar el tiempo perdido, pues aún no se agota, sino porque hoy no quiero motivos ni excusas, aunque utilice tu cumpleaños como una.

Hoy, que cumples años, que no tengo nada más entre mis manos vacías que esta felicitación, vengo a decirte todo aquello que siempre guardo, todo lo que en algún momento siempre quiero decir pero que, siendo como soy, siempre callo:
... gracias mamá, porque gracias a ti, soy quien soy.
... gracias, porque me alimentaste, mantuviste limpita y cuidaste de mí cuando yo no podía hacerlo.
... que, aunque a veces tengamos nuestras diferencias, sé que en el fondo sólo quieres lo mejor para mí.
... que, de ti he aprendido sobre bondad, sobre moral, sobre las cosas que no son cosas y que más merecen la pena.
... que ojalá que encuentres la manera de vivir para siempre, porque no me imagino que llegue el día que ya no estés ahí.
... que, lo creas o no, eres la mejor madre del mundo.
... que nuestros días de Rebajas y McDonalds no los cambio por nada, aunque luego me duelan los pies tres días.
... que (y esto te gustará), no aparentas los equistantos que cumples.
... que siempre, siempre, siempre estaré aquí, pase lo que pase.
... y que te quiero aunque nunca te lo diga, porque las cosas importantes me cuesta expresarlas con palabras. Pero es así.







domingo, 6 de marzo de 2016

Jirones

Intento escribir sin saber, sin sentir si he vuelto. Intento escribir desde la distancia que me provoca mi necesidad de protegerme. Parece que las palabras, incluso ajenas, en el exterior duelen más. Parece que si salen de tu boca, de tus dedos, de tus ojos, duelen más. Parece que en el interior están a salvo y son menos reales, más controlables, más maleables. 
Pero dentro te destrozan, te carcomen, te van devorando con mil dientes y arañándote con patas de mil garras, hasta hacerte el alma jirones. Y al final no sabes si prefieres que las verdades que no quieres enfrentar te devoren por dentro o te deshagan por fuera.