sábado, 13 de febrero de 2010

Khan el-Khalily

Anoche, mientras buscaba el anuncio egipcio que había visto el último Ramadán que tuve la suerte de pasar en Egipto  encontré algo. No era el que buscaba, sino otro... que aunque nunca antes lo hubiera visto, ya lo conocía en parte.
Era julio de 2006, yo estaba paseando por Khan el-Khalily, comprando algunos regalillos para llevar conmigo de vuelta a España.
Paseábamos por las calles y movidos por la curiosidad nos paramos junto al lugar donde estaban haciendo las pruebas de grabación. Recuerdo que vi una chica guapísima, un cofre de alabastro que imaginé lleno de perfume y un tendero moreno con galabiyya blanca. Un rato después nos fuimos de allí para seguir con las compras...
Y, ayer, por fin, lo vi. El anuncio me parece precioso, la idea es genial... evoca la mítica imagen de Egipto, la tierra del sol que me enamoró.



Tiene gracia... me he pasado unos tres años recordando, de vez en cuando, aquella imagen y preguntándome de qué formaría parte. Y cuando había perdido la esperanza de saberlo, lo supe. Supe que cuando menos lo esperamos, los recuerdos olvidados pueden volver de manera sigilosa. Podemos, sin proponérnoslo, encontrar la respuesta cuya pregunta ya habíamos dejado de hacernos.

[Khan el-Khalily es el gran bazar de El Cairo, donde se puede comprar todo lo que el turista espera comprar allí (papiros, jeroglíficos, pirámides, dioses, perfumes...). Es por eso una buena opción cuando te pilla el toro. Khan el-Khalily fue construido en el 1382, en el corazón de la ciudad fatimí, junto a la mezquita de al-Azhar. Entonces se conocía como "el bazar turco" y su nombre actual, según leí una vez, significa "al menos, mi amigo". El que lo haya visitado sabrá porqué.]

viernes, 12 de febrero de 2010

El Efecto del Karma

Creo que de una manera muy particular, creo en el karma y que de la bondad o maldad de nuestras acciones o de la mera intención con la que la realizamos se desprende lo que vendrá de vuelta, en efecto Boomerang.
Bastante a menudo, cuando las cosas no salen como esperamos, nos empeñamos en "enderezarlas" y, no es hasta un tiempo después, que entendemos que las cosas tenían que salir exactamente como salieron. Porque las cosas no salen como queremos. Porque somos incapaces de ver que no siempre lo que queremos en lo mejor para nosotros. Porque no queremos rendirnos a la derrota, sin ver que no es más que otra cara de la victoria... y que en la mayoría de los casos la acabaremos por ver como tal. Porque, aunque duela, no podemos tenerlo todo en la vida. Porque, a veces... - con frecuencia - nos equivocamos. Porque simplemente nos engañamos, nos convencemos para seguir luchando cuando ya está todo perdido.

"A veces nos encontramos con el destino por el camino que habíamos tomado para evitarlo"


9 de febrero, 13.00 h.

lunes, 8 de febrero de 2010

Suspiro

Un trozo de mi alma en un suspiro
no es más que aire que sale de dentro
llevando consigo una parte de mí,
o trayendo, tan sólo, la tempestad del vacío
al resguardo lúgubre de mi corazón.


21 de Marzo de 2005

viernes, 5 de febrero de 2010

La Ventana

Anoche no hice nada especial... metida en la cama con un bol de gelatina de fresa, traducía, mientras pensaba en ti y un torbellino de ideas se me agolpaban en la cabeza... Navegué por una página en la que me había registrado unas horas antes (de nuevo, el mismo error, por segunda vez). Poco a poco me fui abandonando al sueño que no vi llegar... Un sueño ligero que duró poco más de media hora. Al abrir los ojos todo seguía igual.

Apagué el portátil y lo coloqué en la mesa. Apagué la luz. 
La ventana aún estaba cerrada.

Me dormí sin darme tiempo a pensar. Eran las 3am... fuera llovía, melódico repicar que se fundió con las voces del sueño que comenzó en algún momento de la noche. He aprendido la lección "no pensar en temas complicados antes de dormir"... 

Ojos que me miraron con
pena. Ojos que antes me habían mirado con orgullo.
Una familia comía alrededor de una mesa oscura.
Una cancela de hierro que atravesaste sin mirar
atrás.
Una confirmación. Indiferencia. Dolor.

Cuando desperté, la ventana estaba abierta. Yo no había sido. 

miércoles, 3 de febrero de 2010

Érase una vez, una chica con Niqab...

Esta noche he cenado fideos chinos, como los que comía en mi pisito del barrio cairota de Dokki, junto a la calle principal, metida en mi cuarto con el aire acondicionado siempre a tope. Creo que fue entonces cuando me comí los últimos... un año y medio sin fideos chinos, es todo un récord para mí. 
Y desde este punto, he creado una cadena de pensamientos que me han llevado desde los fideos chinos hasta algo bastante curioso que ocurrió en mi última visita a El Cairo.

El caso es que aquel día había quedado con un buen amigo a quien no veía a menudo en mis viajes a causa de sus ausencias de la capital por el servicio militar. Es gracioso pero  quedemos donde quedemos y hagamos lo que hagamos, en un punto del viaje siempre pasamos por la plaza Tahrer, creo que es una especie de tradición de la que no somos conscientes pero que siempre nos empeñamos en cumplir.
El caso es que yo tenía que irme pronto, coger un Taxi amarillo e ir a la ciudad de la Victoria (Nasr City, una zona llena de tiendas algo alejada del casco antiguo de la ciudad), así que estábamos disfrutando del último rato juntos, charlando y haciendo fotos: habían estado "regando" el césped y se habían formado charcos bastante grandes, algunos de los cuales parecían pequeños lagos en el centro de la plaza. Nos alejábamos del charco, riendo, cuando una chica cubierta con niqab negro le paró porque quería conocerme, quería ser mi amiga (?). Exacto, esa fue la cara que se me quedó, nadie de pronto decide que quiere ser amig@ tuy@ sin conocerte de nada. He de decir que me sentí halagada cuando él me explicó que "ella" me había estado observando desde hacía unos minutos, que le había caído bien y que le parecía muy guapa. Creo que me ruboricé. Así que después de una charla de diez minutos parados en la acera como tres monigotes, fuimos a tomar un zumo de mango, mientras mi nueva amiga me cogía de la mano para conducirme entre las callejuelas llenas de gente que rodean la plaza. Y qué rico estaba el zumo de mango.
Al final, ella me dio su teléfono y yo le di el mío y le prometí llamarla la próxima vez que volviera a El Cairo, promesa que tengo intención de cumplir. 
El mito de "anti-occidentalismo" que, a veces, rodea a las chicas que usan niqab queda roto con historias como ésta. Si bien cada cual es libre de usar su libertad de la manera que crea más propicia, y nadie ha de imponérsela o impedírsela, he de decir que la humanidad de esta persona que se tomó la molestia de ir más allá de los clichés para conocerme por el simple hecho de "haberle caído bien" bien se merecía este post.
Espero que esto aporte el granito de arena del que dispongo para romper el mito, acercar culturas y mostrar la cara más divertida de situaciones del día a día tan inesperadas como esta.