Fíjate de la intuición,
que grita mediante los pellizquitos en las entrañas.
Son los ojos de todo aquello que no se ve.
Fíjate de la intuición,
que grita mediante los pellizquitos en las entrañas.
Son los ojos de todo aquello que no se ve.
La prudencia en cada frase,
la educación, que es casi lo mismo,
los ojos bonitos, que me dices que tengo,
o esas piernas rotundas e infinitas.
La sonrisa que se alinea,
o las primeras arrugas,
que no fume, que no beba,
que mi droga sea tu risa,
la física, la química,
o la magia del encuentro,
todo da igual, al final no importa,
sea como fuere, por más que lo intente,
nunca soy el amor de tu vida.
Es tan creíble la sensación
De qué en cualquier instante, en la noche,
Quizás esta noche,
A mi espalda respire tu pecho,
Y me abraces dormido
Y pueda dormir en paz.
Es tan creíble que, si cierro los ojos,
Estarás aquí.
Te he prestado tu barbilla
Para que me digas todo aquello
Que no me dirías
Si no fuera con mi voz.
Cuando dos almas están conectadas,
Se llaman una a otra sin que (sus humanos) lo sepan.
Y se tienen sensaciones
Y se le llama intuición,
O simplemente lo ignoramos pensando
Que son sólo producto de nuestra imaginación.
Hay que escuchar al cuerpo, dicen.
Hay que escuchar al alma, añado.
Pues no es uno más que el reflejo
De aquello que contiene,
De aquello que sostiene,
En lo más profundo de esos 21 gramos.