Tomemos un autobús que lleve a Marsa Matroh. Vamos a pretender que aún podemos hacerlo,
que aún puedo llamarte, ahora mismo o en cinco minutos, y quedar para más tarde en Ramses.
Pretendamos que podemos hacerlo, imaginemos por un momento que es posible.
Yo te llamaría y estarías durmiendo y no mucho después, con tu voz dormida
te reirías y me dirías que aún tenemos tiempo. Prepararía una mochila en cuyos huecos metería chocolatinas y un paquete de Mentos que compraría en el quiosco de la esquina.
Cogería el metro: tres estaciones, dirección Shoubra.
Cambio de línea en Sadat, tres estaciones dirección El Marg.
Encontrarnos y vernos desde lejos y vernos incluso antes de mirarnos y pasear en silencio, sin nada más que decir que lo que diría el silencio.
Déjame que sueñe que aún podemos hacerlo (que no significaría nada). Pretendamos que es posible.
Déjame creer que podemos tomar un autobús a Marsa Matroh.
Déjame llamarte, vayamos a Ramses.