jueves, 10 de octubre de 2013

Otoños olvidados

Y así es como llega el otoño, otro año más, al Aljarafe sevillano - y a muchos otros lugares del mundo. Así es como las noches comienzan a llegar antes a su cita, como el sol se despide más temprano y como las estrellas, revoltosas, fingen no saber cuánto brillan. Pronto, los floridos árboles se teñirán de rojo y caerán sus hojas arrugadas sobre las aceras de la gran ciudad. Sé que al pisarlas, crujirán, bajo mis botas y me concentraré entonces, en ese sonido que tanto me evoca. Pronto, no tanto tiempo a partir de ahora, comenzaré a abrigarme sin mesura, paquetes de clinecks permanentemente dentro del bolso y un pañuelo (probablemente, azul pavo real) colgando por fuera, balanceándose con ese ir y venir de los pasos adheridos a los paseos sin tregua.
Llega el otoño y no hay forma de remediarlo, una vez el verano nos repudie de forma cíclica. Y dando vocanadas, como arrepintiéndose de su marcha, envía durante unos días, un poco de calor nada acorde al tiempo otoñal que nos rodea. Creo que el verano nos echa de menos, tanto o más que nosotros a él. Yo, sin embargo, nunca olvidaré este verano y, desgraciadamente, creo que tampoco olvidaré este otoño que apenas estreno.
El rencor que le tengo al tiempo se irá entonces, cuando pueda caminar, con mi chaquetón negro y mis medias de colores, sobre la alfombra de hojas desprendidas de vida, crujientes, sonoras, como un pequeño océano de papel reciclado.
Creo que esta noche (de un otoño que me resisto a estrenar) tengo mucho sobre lo que pensar.
Os invito a que en este otoño, hagáis realidad todos los sueños de los otoños olvidados.

Tiempo perdido


¿A dónde fue irá todo ese tiempo
que perdí perderé, pensando en ti?

lunes, 7 de octubre de 2013

domingo, 6 de octubre de 2013

Obras de Septiembre

1.- "Cada Siete Olas" - Daniel Glattauer, 2010 (Segunda parte de "Contra el Viento del Norte)
2.- "El Principito", Antoine de Saint-Exupéry, 1943
3.- Rebelión en la Granja" - George Orwell, 1945

sábado, 5 de octubre de 2013

Fin.

Después de una época de sequía creativa, ayer, de pronto... tuve la urgente necesidad de escribir, en medio de Sevilla, sin batería en el móvil ni papel y boli a mano. Salí corriendo a la papelería más cercana y allí pude comprar un cuaderno (azul, de rayas, sencillo) y un boli (bic azul, normal, de toda la vida) con los que poder llevar a cabo la necesidad repentina de vaciar lo que llevaba por dentro.
Parece que funcionó.
Y de pronto empezaron a manar palabras y más palabras, sin mucho sentido y casi nada con demasiada calidad, pero sirvió, una vez más, como método canalizador y catarsis para limpiar el dolor que llevaba dentro. Y me siento mejor.
He dejado de arrugar la frente, en un gesto de continua concentración, he relajado por fin los gestos de la cara y la velocidad de mis pasos. La tristeza permanece, pero se ha vuelto llevadera.
Y ahora... ahora ya sólo resta dejar trabajar al tiempo.

Fin.