lunes, 15 de abril de 2013

"El Buscador" de Jorge Bucay

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda qué fue lo disfrutado…, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿dos? ¿tres semanas y media? Y después, la emoción del primer beso ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos?, ¿y el viaje más deseado?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?¿horas?, ¿días? Así vamos anotando en la libreta cada momento y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Jorge Bucay

jueves, 11 de abril de 2013

El mundo del revés

Mis labios no están preparados para sonreír.
Creía que sí. Pero no.
No. En absoluto y rotundamente, tú.
Tirando, colgando del recuerdo,
de las comisuras de mis labios hacia el centro,
como si quisieras darle la vuelta a mi sonrisa
y volverme el mundo del revés.

sábado, 6 de abril de 2013

"Poema de las Cosas" - José Ángel Buesa

Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tú sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven...

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se estan yendo siempre, pero que no se van...

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser...

Por más que tú prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son...

Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.



(José Ángel Buesa)

Pensamiento recurrente

El pensamiento más recurrente es aquel
que siempre te trae de vuelta a todo aquello
que ya no quisieras volver a vivir - de manera consciente -
pero que no puedes olvidar.

Y te empeñas en buscar mil soluciones posibles
aplicables a algo que ya no tiene marcha atrás.
Algún día lograré perdonarme a mí misma
y seguir adelante sin un espejo retrovisor al pasado.

miércoles, 3 de abril de 2013

El Martilleo Constante

Como un preso que aporrea las paredes,
intentando huir,
llamar la atención,
hacerse oír
o no dejarse vencer por la locura,
de la misma manera,
mi corazón estalla contra las paredes torácicas
que le rodean,
intentando huir,
llamar la atención,
hacerse oír
o no dejarse vencer por la locura.
Martillead las paredes,
quizás algún día,
logréis liberaros de la carga.

martes, 2 de abril de 2013

Sueños hechos de ti

Sueño de manera intermitente, contigo,
tan ni siquiera necesito cerrar los ojos.
Mientras, en esos momentos de vigilia más lúcida,
pienso que la noche se alimenta del insomnio
de todas esas criaturas que intentan
- aunque a veces sólo se quede en eso -
arañarle minutos al día,
aunque esté hecho de noche
y todo alrededor - y en el interior - sea oscuro.
Quizás porque la vigilia
se alimente de la noche
y es por eso que no puede ser la una sin la otra,
así como no puede ser aquella sin el día.

Tengo el estómago lleno de noche
de sueños intermitentes, hechos de ti,
hechos de vigilia, hechos de ti...
Contigo pero sin ti.